Ayer. al salir de trabajar, mientras me jugaba la vida en el subterraneo de Madrid. Pues, habían hecho huelga, por enesima vez, y aquello parecía un éxodo másivo de gente huyendo de la ciudad. Y mientras mi cabeza tarareaba mentalmente la canción de Estopa "
Lunes" ("Lunes sólo veo nubes, por la ventana, y un mal rollo me sube.....")Mientras eso sucedía, pensaba que a pesar de todo era afortunada, (
"Me meto en la boca del metro donde me junto, donde me mezclo y nadie sabe el sueño que tengo"). Por darme cuenta, por fin que el valor que yo tengoo no lo tiene que medir una balanza con peso contrapuesto de prejuicios y ensoñaciones. Que tal vez, no fuera lo suficientemente buena para ser esa hermosa rosa que esperaba ser
("Sólo una chiquilla que al subir me clava un codo, que me hace cosquillas y que le brillan los ojos. Hace que despierte un poco"), pero que bien puedo ser una margarita. Sencilla, humilde pero igualmente hermosa......
("que bonito es el amor, que bonita es divertirse".)...... ("que bonita es una flor, que bonito el arcoiris"), en realidad esto es otra canción. Pero me he puesto tan, horriblemente búcolica, que ahora la canción que tararea mi mente es esta
( "si es que la vida es la hostia y yo no se porque estoy triste").
Y hoy me viene a la memoria aquellos días, en los que yo estaba empezando a hacerme mayor. Justo en esa edad en la que dejas de ser una adolescente. Demasiado niña para ser una mujer, demasiado mujer para ser una niña. En aquella época, recuerdo ser feliz con las pequeñas cosas de la vida. Recuerdo mis tardes de ensayo (en el grupo de teatro). Mis tardes montando todo el escenario. Terminando de dar una mano de bárniz al cuadro del fondo o colgando las oscuras bambalinas. Era feliz, porque hacia lo que me gustaba, con la gente que me gustaba. Porque la vida parecía detenerse y estar esperándome a que fuera en su busca y todavía me había dado un tregua para asumir responsabilidades immportantes. Y en ese momento mis prioridades eran diferentes y todavía me permitía el lujo de soñar.
En esa época, una noche de Viernes que habíamos ido al Nayjama a tomarnos unas copas y charlar con los amigos, recuerdo una situación que desde entonces ha tenido un sitio especial en mi memoria. El camarero de ese bar, al que llamaré J, (porque no quiero que me denuncie por publicar su nombre), era un chico simpático. Siempre tenía gente alrededor, un montón de gente. tenía todas esas cualidades que atraen a la gente: gracioso, con sentido del humor, guapo (realmente atractivo)e inteligente. Nosotros le conocíamos porque un chico del grupo era amigo suyo y porque además nos pasabamos las noches de los sabaados apalancados en su bar. Nos solía invitar siempre a alguna ronda y se quedaba hablando largo rato con nosotros. Siempre tenía alrededor un buen grupo de chicas al que siempre dedicaba piropos, miradas y resplandencientes sonrisas. Una de esas noches. En el grupo de chicas de siempre, había una que llamaba especialmente la atención. Era bastante llamativa, y después de unas cuantas miraditas, sonrisas e indirectas, cuando J se hacercó a servirle la copa la chica le metió un papelito en el bolsillo de la camisa. J se acercó a nuestro rincón. Le saque el papelito de la camisa, en plan juguetón y ví que le había escritó su nº de teléfono y abajo ponía llámame cuando termines. Le dije "Vaya J no te puedes quejar vaya manera de triunfar" y aún recuerdo lo que me sorprendió su respuesta "¿Triunfar? me dijo, eso no es triunfar,noe...... esa chica (y todas las demás añadiría yo), ¿Crees que me desea? "Claro" contesté yo "Pues yo no quiero que me deseen quiero que me amen" y rompió el papel en mil pedazos y continuó limpiando la barra con la misma sonrisa de siempre.